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El politólogo Jürgen Dahl comparte el pesimismo de Anders pero no su desesperado llamado a la violencia. “¿Podemos -se pregunta- esperar algo en un sentido terrenal y sensato? ¿Qué podemos esperar frente a una amenaza atómica producida por reactores y cohetes, una ineludible catástrofe climática, una muerte de las especies de todo el planeta, una onda global de envenenamiento que cada vez sigue proclamando que todo será cada vez mejor si se le permite ser cada vez más omnipotente? La sagrada ira nos acomete cuando vemos qué poco podemos esperar porque la industria y la política y el comercio y el egoísmo se intrincan cada vez más profundamente en dependencias y en la presión de las circunstancias que a su vez van produciendo cada vez más estragos. La gran empresa Mundo, tal cual está organizada actualmente, aguanta y tolera pequeños cambios en los miembros pero ninguna gran modificación en la cabeza. Sí, es cierto, que los equipos de reparación trabajan constantemente, pero refuerzan sólo los mecanismos de protección y no dicen que cada mecanismo de protección sólo anuncia lo que después ocurre. ¿Qué es lo válido entonces: diagramar una nueva forma de organización para la gran empresa Mundo y llevarla a cabo? Pero todo lo que puede obrar en esa dirección nuestra actividad -medido en el todo- tiene apenas un efecto ridículo, tan espectacular como le pueda aparecer a los participantes directos. Tener confianza en la actual adición de pequeñas mejoras es mentirse a sí mismo en tanto prosigue la diaria destrucción”. (Los demócratas cristianos y liberales siguen marchando optimistas con sus Mercedes o sus BMW por entre bosques secos y montañas de basura siempre creyendo que el remedio de todos los males es la economía de libre mercado; los socialdemócratas creen que la gran solución está en el reciclaje de los residuos; la prédica de los verdes tiene lugar en el desierto si se tiene en cuenta que la jungla de los medios de comunicación los hace aparecer como miembros de una secta fuera de toda realidad.)
“El intento de salvar al mundo por medio del reciclaje de residuos -continúa Dahl- tiene en el mejor de los casos un valor didáctico pero es justo la coartada que necesitan los que producen basura, para seguir produciéndola. Los argumentos más racionales no son escuchados; las proposiciones más convincentes son archivadas, los pedidos más vehementes son rechazados y entonces, cuando por fin se desborda la rabia de la desesperación aparece la policía y ya sólo con su presencia da a conocer que las formas de vida que el ‘poder elegido por el pueblo’ ha ordenado como correctas al parecer sólo pueden ser defendidas e impuestas no con argumentos sino con ayuda de palos, camiones hidrantes y pistolas lanzagases”. (Es el mismo Poder que condena a dos meses de prisión a un joven que tiró una piedra en una manifestación contra Reagan, pero deja libre de toda condena a los ejecutivos de una empresa química que con sus ácidos residuales lanzados al Rhin ocasionó un desastre ecológico con millones de peces muertos y otros daños incalculables para la naturaleza y la población).
Confiesa, por último, Jürgen Dahl que él no puede dar recetas, pero que la violencia que aconseja Anders sólo traería el fortalecimiento de la violencia del Estado. La única resistencia del individuo es seguir denunciando este estado de cosas y tratar de esclarecer y formar una opinión pública; es lo que él llama “su pequeña esperanza”. “Pero -finaliza- debo reconocer que hasta yo he perdido ya esa pequeña esperanza. Tal vez alguien la haya encontrado; que la conserve y la comparta con nuevos que lleguen. Y como no sabemos a ciencia cierta lo que va a suceder, a pesar de que ya no tenemos ninguna esperanza, debemos seguir haciendo algo. Por respeto a nosotros mismos”.
El físico atómico profesor Robert Jung -uno de los más decididos combatientes contra el “Estado atómico”- da la razón a Anders e interpreta su paso a la violencia como la necesidad de una creciente energía en el movimiento pacifista y antiatómico. Propone como primer paso la exigencia de un “desarme interno” de la Alemania Federal. Es decir, que las fuerzas de represión y del “orden” vayan desarmándose poco a poco, al mismo tiempo que se eliminan paso a paso todas aquellas técnicas industriales que amenazan la vida y la libertad. “El movimiento ecologista y de la paz -escribe- no tiene armas actualmente. Pero si la ‘otra parte’ no atiende sus reclamos sino que al contrario, como al parecer proyecta en el futuro va a actuar con más fuerza represiva, será ella la culpable de un aumento de la violencia que puede llegar hasta la guerra civil”.
Contra la “pequeña esperanza” de Jürgen Dahl, los argumentos de Günther Anders son esta ironía histórica: “En 1986, ‘Año de la Paz’ de las Naciones Unidas, fueron gastados en armamentismo 900 mil millones de dólares. Eso significa que por minuto se gastan 1,7 millones para armas y equipos militares y represivos. En las fábricas de armas trabajan en todo el mundo 100 millones de personas”.
La diputada del Partido Verde, Petra Kelly -una de sus cabezas pensantes- aceptó todos los conceptos del filósofo Anders pero no estuvo de acuerdo con su llamado a las acciones violentas. Ella defendió la no violencia y la desobediencia civil como únicos métodos reales y posibles. “No violencia no es cobardía -sostuvo- y repito las palabras de Mahatma Ghandi: ‘No-violencia es todo lo contrario de cobardía. Puedo imaginarme un hombre armado hasta los dientes que en el corazón es un cobarde. En la posesión de armas está escondiendo el elemento del miedo, hasta el de cobardía. En cambio la no-violencia es imposible cuando no es intrépida’. Nos hace falta mucha fantasía social -agregó Petra Kelly- nos hacen falta métodos de acción no violentos que aún no hemos probado y nos faltan todavía una serie de seres humanos a los cuales tenemos que convencer”.
En El fin del pacifismo, Günther Anders responde al argumento de Petra Kelly sobre la no violencia de Ghandi. “¿Fue la no-violencia de Ghandi sólo un ‘happening’? Mucho me temo que sí -se responde- desde el punto de vista de la historia del mundo. ¿O acaso podemos considerar de otra manera la fotografía del desnudo Ghandi tejiendo a mano, difundida millones de veces, sino como un ‘happening’ comparable al de los pobres tejedores de Silesia que destruyeron los telares? Ghandi no pudo detener la industrialización ni siquiera tocar la miseria de castas de la India. No, lo que él sostenía era: ‘tal vez podemos de alguna manera ejercer resistencia a pesar de que no obtendremos el poder y con él el poderío necesario para obrar’. Es decir que lo importante no era para él la no-violencia como tal (como único principio permitido, o como único método moral, o meta moral) sino la eventualidad muy débil de a pesar de no tener armas poder igual ejercer resistencia. Lo fundamental, pues, en él no es la aceptación del ‘sin’ (sin armas) sino del ‘a pesar’ (a pesar de no tener armas)”.
El historiador y ensayista Erich Kuby es uno de los pocos que apoyó a Günther Anders y hasta va más allá que él: “Cuando era niño, la guerra era vista aún como la única acción de asesinato en masa legítima y aprobada por la ley. Hoy no es necesaria una guerra para lograr una acción de asesinato en masa en una escala mucho mayor. Pero los dueños del poder no hacen nada contra el peligro total; al contrario, hacen todo lo posible para agrandarlo cada vez más. Siguen construyendo nuevas plantas atómicas y no desvían los miles de millones de dólares, que se gastan para subvencionar la industria atómica, en el desarrollo de soluciones alternativas. Además, continúan siendo solidarios con una potencia mundial incontrolable que se sigue preparando para la guerra atómica. Los asesinos potenciales no están entre nosotros sino sobre nosotros y sólo por la razón de que millones de corderos los votan, divididos en social-cristianos, liberales y socialdemócratas. Como emplean principios democráticos como material propagandístico de juego, no tienen nada en contra de que de vez en cuando algunos griten: ‘¡esto no nos gusta nada!’. Al contrario, eso es bueno y además no molesta para nada a los de arriba. Pero el primer embozado que arroje una piedra, es calificado de criminal y va al calabozo. Cuando ocurra en Alemania el primer Chernobyl -y sólo Chernobyl- serán algunos cientos de miles de estos llamados ‘criminales’ que se lanzarán a la calle. El ejército comenzaría a actuar. Pero por lo menos esta discusión se actualizaría, saldría del medio intelectual, y se haría más popular. Claro, de cualquier manera, de acuerdo a las circunstancias actuales, todo aquel que guiado por su conciencia realice actos de violencia individuales, no podrá cambiar nada. Pero que en el futuro no se ponga su nombre a calles, como ejemplo, de eso no estoy tan seguro. Desgraciadamente estoy muy viejo para hacer apuestas, pero lo haría y por la cantidad más alta, que en el año 2050 habrá un lugar dedicado a Ulrike Meinhof para recordarnos sus propuestas”. (Ulrike Meinhof fue la guerrillera del grupo Baader Meinhof que participó de actos terroristas contra la ayuda de Alemania Federal a los Estados Unidos en la guerra de Vietnam y contra el capitalismo en general).
El físico Klaus Vack rechaza “el método de Anders de la violencia para llegar a la meta de la no violencia” y señala que el único método que puede llevar a ese fin es la “escalación no-violenta de la desobediencia civil”, pero no dice cómo difundir esa desobediencia civil ante los pueblos sin contar con los medios de comunicación. Para llegar a la desobediencia civil en una sociedad acostumbrada a no renunciar a nada se necesita partir de una gran catástrofe, como una guerra perdida o un peligro de vida o muerte.
Discípulos de Anders basaron su respuesta al maestro en el lema: “Tanto la violencia de abajo como la no-violencia como meta necesitan de la racionalidad”. Karl Jaspers había dicho ya en la década de los cincuenta, todavía con la experiencia del nazismo en sus espaldas: “¡Qué fatalidad cuando el ser humano de buena fe renuncia a la violencia porque cree en la no-violencia! ¡Lo único que logra es ser superado en forma más radical por la violencia!”
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Mas adelante, publicare la parte III
lunes, 8 de marzo de 2010
jueves, 4 de marzo de 2010
LA IDEA DE LA REVOLUCION, FORMA Y FONDO.
TEXTO QUE COMPARTO CON CADA UNOS DE UDS, CON LA FINALIDAD DE DAR LUZ A NUESTRA FORMA DE CONCEBIR TODA LUCHA SOCIAL, EN SUS DIFERENTES MANIFESTACIONES....
Agradezco a quien tuvo el tiempo de analizar los diferentes parrafos, y tomar lo mas sustancioso de los AUTORES que hablan acerca del tema.
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Está ocurriendo lo que varios de nosotros ya sabíamos que iba a ocurrir. Aún les falta culminar a los tiburones capitalistas: el agua, la educación, el petróleo y algunas cuantas “cosillas”, pero las privatizaciones burguesas y el despojo nacional sigue in crechendo, a plazos o al contado. Mientras, la gente está eufórica porque “Ya ‘estamos’ en el mundial”. Recordar a Gobbels: “A la gente se le controla con el espectáculo, con el entretenimiento”, lo demás lo harán a ojos vistos pero sin que lo vean. “Teniendo ojos no ven”, diría Heráclito.
Pese a que el siguiente escrito es de 1987, es tan actual, que hasta da tentación. Ustedes juzguen:
La única salida es la violencia
Por Osvaldo Bayer; Berlín, agosto 1987
Günther Anders, “el filósofo de la barbarie”
El fin del pacifismo
¿Violencia, sí o no? (Una discusión necesaria) … Günther Anders, el pensador pacifista por excelencia, el moralista, ha escrito a los 85 años, con sus dedos que apenas puede mover por la artritis: “La única salida es la violencia”.
…
Hoy, a los 85 años escribe un nuevo libro, sobre el tema de siempre: el monopolio del poder (violencia), la no-violencia (no-poder) y las formas de combatir la violencia (poder). Su libro lleva el título exacto, igual que su estilo despojado de todo ritual o adorno: Estado de sitio o legítima defensa. En ese título está todo el gran debate: poder del Estado contra el derecho natural del individuo a defenderse. Violencia del Estado contra violencia individual. “Estado de emergencia en defensa de las instituciones” y frente a eso: “derecho del individuo a revelarse”. Democracia de mayorías y democracia de base.
...
Anders reniega de su maestro Ernst Bloch y de su Principito Esperanza. No queda tiempo para la esperanza. Esperanza es un pretexto para la no acción, es una forma de cobardía.
Es incomprensible -para él- la incomprensión de los políticos. “La incomprensión misma de los hombres inteligentes y esclarecidos. El mundo no está amenazado por seres que quieren matar sino por aquellos que a pesar de conocer los riesgos sólo piensan técnica, económica y comercialmente... Hemos visto que con entregar rosas y nomeolvides a las policías -que no podían recibirlas porque tenían el garrote en la mano- ni con listas de firmas ni solicitadas, ni con interminables marchas, ni con canciones, ni con teatros, no alcanzamos nada. No sólo es anodino sino hasta estúpido, por ejemplo, hacer huelgas de hambre para lograr la paz atómica. Con las huelgas de hambre se logra precisamente sólo eso: tener hambre. A Reagan y a su ‘lobby’ atómico no le interesa si nosotros comemos un sándwich de jamón más o menos. No son acciones serias, sólo son ‘happenings’. No son acciones, son apariencias. Una cosa es aparentar y otra es ser. Los que hicimos esas acciones creímos haber traspasado la frontera de la mera teoría, pero éramos sólo actores, en el sentido teatral. Hacíamos teatro por miedo a actuar verdaderamente. Teatro y no-violencia son parientes muy cercanos”.
Palabras muy duras. ¿Desesperación u honestidad consigo mismo?
“… A nosotros los que actualmente sólo nos proponemos como meta impedir toda violencia se nos reprocha que perseguimos el caos con nuestra desobediencia civil, sí, a nosotros que queremos llegar al estado ideales de la no-violencia, a lo que Kant llamaba 'la paz eterna'. Una cosa debemos tener en claro: nuestra meta jamás tiene que ser la violencia. Pero que la violencia -cuando sólo con su ayuda se puede imponer la no-violencia- llegue a ser nuestro método, eso nadie nos lo puede negar”.
Y después agregará las palabras inesperadas, que tanta discusión han originado. Anders dijo: “De todas maneras considero ineludible que nosotros a todos aquellos que tienen el poder y nos (un nos millones de veces) amenazan, los asustemos. No nos queda otro camino que contestar a sus amenazas con amenazas y hacer inefectivos a todos aquellos políticos que con toda irresponsabilidad y por intereses egoístas llevan al mundo a la muerte. Ojalá que la amenaza en sí pueda ya de por sí asustarlos”.
Günther Anders no confía más en los medios pacíficos, no cree más en la democracia de partidos: “Después de la gran victoria de los medios masivos de comunicación no existe más la democracia. Lo sustancial de la democracia es poder tener una opinión propia y al mismo tiempo poder expresarla. Por ejemplo yo viví catorce años en Estados Unidos y nunca pude expresar mi opinión. Desde que existen los medios masivos y desde que la población del mundo se halla como exorcizada frente al televisor, se la alimenta, a cucharadas, con opinión. La expresión ‘tener opinión propia’ ya no tiene sentido de realidad. Los alimentados forzosamente no poseen ya ninguna chance de opinión propia. No, ya ni siquiera consumen opiniones ajenas. Se los engorda con sistema. Y los gansos engordados a sistema no ‘consumen’. La televisión es un engorde con sistema. Si democracia es aquello en lo cual se puede expresar la propia opinión, entonces la democracia se ha convertido en imposible a través de los medios masivos de comunicación, porque cuando no se tiene algo propio tampoco se lo puede expresar”.
“El ser humano -continúa Anders- ya no puede llegar a la mayoría de edad. Más bien es un ser-siervo porque sólo oye y oye lo que le llega por radio y televisión y aquí la relación permanece unilateral porque no puede responder. Esa servidumbre es característica para la falta de libertad que se ha construido a través de su propia técnica y que se revierte sobre él. Con los medios masivos se ha creado la figura del ‘eremita masivo’. Porque si bien se halla solo frente a su radio o televisor, recibe el mismo ‘pienso’ (en doble sentido) que los demás. No percibe que lo que él consume en la soledad es el alimento de millones”.
Por último, renegando de su admirado maestro Ernst Bloch, dice Anders: “Esperanza es un sinónimo de cobardía. ¿Qué es en sí esperanza? ¿Es la fe en que todo puede mejorar? ¿O es la voluntad de llegar a algo mejor? Aún nadie ha realizado un análisis de la esperanza. Ni Bloch, siquiera. No, a la esperanza hay que impedirla. Todo aquel que espera, deja la obligación en otra instancia. Esperanza es nada más que la renuncia a la propia acción”.
En un reportaje posterior, publicado en el diario de los alternativos y verdes antiautoritarios alemanes, Günther Anders responderá aún con más claridad a la pregunta: “¿Es suficiente la protesta no violenta?” Dirá: “No hay un método alternativo, no hay otro que la amenaza -si queremos la sobrevivencia de nuestra generación y queremos asegurar la existencia de las generaciones posteriores- contra todos aquellos que insisten en continuar con hacer peligrar la vida humana con la producción atómica (es lo mismo si con la guerra o con el denominado ‘uso pacífico’) y siguen rechazando todas las ofertas de detenerla; no hay otra alternativa, decía, que comunicarles a esos hombres con toda claridad que tanto uno como el otro deben considerarse piezas de caza. No hay que vacilar en eliminar a aquellos seres que por escasa fantasía o por estupidez emocional no se detienen ante la mutilación de la vida y la muerte de la humanidad”.
¿Sabía el despierto filósofo que con ello, con ese extremo, se podía iniciar una revisión de métodos? ¿Qué el movimiento antiatómico, antiarmamentista, anticonsumista y ecologista comenzaría a buscar otros medios, que debía dejar de tocar la guitarra, de repartir flores y de firmar petitorios?
Y no se equivocaba: empezó la polémica. Empezaron las respuestas. Algunas indignadas, otras comprensivas. Marcadas por la rabia de la impotencia, sorprendidas por el desafío del viejo sabio, o indignadas por su provocación. Pero incapaces de mostrar alternativas que no se hayan probado ya.
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Mas adelante publicare la continuacion del texto.....
Agradezco a quien tuvo el tiempo de analizar los diferentes parrafos, y tomar lo mas sustancioso de los AUTORES que hablan acerca del tema.
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Está ocurriendo lo que varios de nosotros ya sabíamos que iba a ocurrir. Aún les falta culminar a los tiburones capitalistas: el agua, la educación, el petróleo y algunas cuantas “cosillas”, pero las privatizaciones burguesas y el despojo nacional sigue in crechendo, a plazos o al contado. Mientras, la gente está eufórica porque “Ya ‘estamos’ en el mundial”. Recordar a Gobbels: “A la gente se le controla con el espectáculo, con el entretenimiento”, lo demás lo harán a ojos vistos pero sin que lo vean. “Teniendo ojos no ven”, diría Heráclito.
Pese a que el siguiente escrito es de 1987, es tan actual, que hasta da tentación. Ustedes juzguen:
La única salida es la violencia
Por Osvaldo Bayer; Berlín, agosto 1987
Günther Anders, “el filósofo de la barbarie”
El fin del pacifismo
¿Violencia, sí o no? (Una discusión necesaria) … Günther Anders, el pensador pacifista por excelencia, el moralista, ha escrito a los 85 años, con sus dedos que apenas puede mover por la artritis: “La única salida es la violencia”.
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Hoy, a los 85 años escribe un nuevo libro, sobre el tema de siempre: el monopolio del poder (violencia), la no-violencia (no-poder) y las formas de combatir la violencia (poder). Su libro lleva el título exacto, igual que su estilo despojado de todo ritual o adorno: Estado de sitio o legítima defensa. En ese título está todo el gran debate: poder del Estado contra el derecho natural del individuo a defenderse. Violencia del Estado contra violencia individual. “Estado de emergencia en defensa de las instituciones” y frente a eso: “derecho del individuo a revelarse”. Democracia de mayorías y democracia de base.
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Anders reniega de su maestro Ernst Bloch y de su Principito Esperanza. No queda tiempo para la esperanza. Esperanza es un pretexto para la no acción, es una forma de cobardía.
Es incomprensible -para él- la incomprensión de los políticos. “La incomprensión misma de los hombres inteligentes y esclarecidos. El mundo no está amenazado por seres que quieren matar sino por aquellos que a pesar de conocer los riesgos sólo piensan técnica, económica y comercialmente... Hemos visto que con entregar rosas y nomeolvides a las policías -que no podían recibirlas porque tenían el garrote en la mano- ni con listas de firmas ni solicitadas, ni con interminables marchas, ni con canciones, ni con teatros, no alcanzamos nada. No sólo es anodino sino hasta estúpido, por ejemplo, hacer huelgas de hambre para lograr la paz atómica. Con las huelgas de hambre se logra precisamente sólo eso: tener hambre. A Reagan y a su ‘lobby’ atómico no le interesa si nosotros comemos un sándwich de jamón más o menos. No son acciones serias, sólo son ‘happenings’. No son acciones, son apariencias. Una cosa es aparentar y otra es ser. Los que hicimos esas acciones creímos haber traspasado la frontera de la mera teoría, pero éramos sólo actores, en el sentido teatral. Hacíamos teatro por miedo a actuar verdaderamente. Teatro y no-violencia son parientes muy cercanos”.
Palabras muy duras. ¿Desesperación u honestidad consigo mismo?
“… A nosotros los que actualmente sólo nos proponemos como meta impedir toda violencia se nos reprocha que perseguimos el caos con nuestra desobediencia civil, sí, a nosotros que queremos llegar al estado ideales de la no-violencia, a lo que Kant llamaba 'la paz eterna'. Una cosa debemos tener en claro: nuestra meta jamás tiene que ser la violencia. Pero que la violencia -cuando sólo con su ayuda se puede imponer la no-violencia- llegue a ser nuestro método, eso nadie nos lo puede negar”.
Y después agregará las palabras inesperadas, que tanta discusión han originado. Anders dijo: “De todas maneras considero ineludible que nosotros a todos aquellos que tienen el poder y nos (un nos millones de veces) amenazan, los asustemos. No nos queda otro camino que contestar a sus amenazas con amenazas y hacer inefectivos a todos aquellos políticos que con toda irresponsabilidad y por intereses egoístas llevan al mundo a la muerte. Ojalá que la amenaza en sí pueda ya de por sí asustarlos”.
Günther Anders no confía más en los medios pacíficos, no cree más en la democracia de partidos: “Después de la gran victoria de los medios masivos de comunicación no existe más la democracia. Lo sustancial de la democracia es poder tener una opinión propia y al mismo tiempo poder expresarla. Por ejemplo yo viví catorce años en Estados Unidos y nunca pude expresar mi opinión. Desde que existen los medios masivos y desde que la población del mundo se halla como exorcizada frente al televisor, se la alimenta, a cucharadas, con opinión. La expresión ‘tener opinión propia’ ya no tiene sentido de realidad. Los alimentados forzosamente no poseen ya ninguna chance de opinión propia. No, ya ni siquiera consumen opiniones ajenas. Se los engorda con sistema. Y los gansos engordados a sistema no ‘consumen’. La televisión es un engorde con sistema. Si democracia es aquello en lo cual se puede expresar la propia opinión, entonces la democracia se ha convertido en imposible a través de los medios masivos de comunicación, porque cuando no se tiene algo propio tampoco se lo puede expresar”.
“El ser humano -continúa Anders- ya no puede llegar a la mayoría de edad. Más bien es un ser-siervo porque sólo oye y oye lo que le llega por radio y televisión y aquí la relación permanece unilateral porque no puede responder. Esa servidumbre es característica para la falta de libertad que se ha construido a través de su propia técnica y que se revierte sobre él. Con los medios masivos se ha creado la figura del ‘eremita masivo’. Porque si bien se halla solo frente a su radio o televisor, recibe el mismo ‘pienso’ (en doble sentido) que los demás. No percibe que lo que él consume en la soledad es el alimento de millones”.
Por último, renegando de su admirado maestro Ernst Bloch, dice Anders: “Esperanza es un sinónimo de cobardía. ¿Qué es en sí esperanza? ¿Es la fe en que todo puede mejorar? ¿O es la voluntad de llegar a algo mejor? Aún nadie ha realizado un análisis de la esperanza. Ni Bloch, siquiera. No, a la esperanza hay que impedirla. Todo aquel que espera, deja la obligación en otra instancia. Esperanza es nada más que la renuncia a la propia acción”.
En un reportaje posterior, publicado en el diario de los alternativos y verdes antiautoritarios alemanes, Günther Anders responderá aún con más claridad a la pregunta: “¿Es suficiente la protesta no violenta?” Dirá: “No hay un método alternativo, no hay otro que la amenaza -si queremos la sobrevivencia de nuestra generación y queremos asegurar la existencia de las generaciones posteriores- contra todos aquellos que insisten en continuar con hacer peligrar la vida humana con la producción atómica (es lo mismo si con la guerra o con el denominado ‘uso pacífico’) y siguen rechazando todas las ofertas de detenerla; no hay otra alternativa, decía, que comunicarles a esos hombres con toda claridad que tanto uno como el otro deben considerarse piezas de caza. No hay que vacilar en eliminar a aquellos seres que por escasa fantasía o por estupidez emocional no se detienen ante la mutilación de la vida y la muerte de la humanidad”.
¿Sabía el despierto filósofo que con ello, con ese extremo, se podía iniciar una revisión de métodos? ¿Qué el movimiento antiatómico, antiarmamentista, anticonsumista y ecologista comenzaría a buscar otros medios, que debía dejar de tocar la guitarra, de repartir flores y de firmar petitorios?
Y no se equivocaba: empezó la polémica. Empezaron las respuestas. Algunas indignadas, otras comprensivas. Marcadas por la rabia de la impotencia, sorprendidas por el desafío del viejo sabio, o indignadas por su provocación. Pero incapaces de mostrar alternativas que no se hayan probado ya.
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